lunes, 7 de junio de 2010



El Reloj.

Durante mucho tiempo, ¡oh, mucho tiempo!, cuando sonabas en vano, atmósfera ahora de ausencia, tu sonido de oro volvía a ti, en mi sueño y te creaba, joya dorada, y te lanzaba indicándome en tu complicación estelar y marina, las peripecias externas del funcionamiento de los mundos; pero puedo decir, haciendo alusión a los recuerdos de una raza que tú evocas, que nunca, sobre estas superficies marcadas por los juegos múltiples y combinados de la diversidad del pensamiento universal, nunca, resumen el universo como eres, joya de las cosas, has hecho un minuto tan magníficamente concordante, y dudo que este instante tenga en el presente su réplica, entre la indecible multiplicidad de los mundos. Mi pensamiento ha sido pues recreado, pero yo, ¿lo estoy yo? Sí, siento que este tiempo vertido en mí me devuelve ese yo, y me veo semejante a la onda de un tranquilo narcótico cuyas vibraciones circulares, yendo y viniendo, trazan un límite infinito que no alcanza el centro en su quietud.

Stéphane Mallarmé.

domingo, 6 de junio de 2010



Servidumbre de paso.


En nuestra sumisión nos consumamos,
en nuestra servidumbre nos crecemos,
vivimos a compás,
en la angostura de un andar errátil
que nos da la amplitud,
al comprender
la bella anomalía de este viaje.
Nómadas en esencia,
muchedumbre
que cruza en extravío
del uno al otro lado de nosotros,
polizones
en la nave del mundo,
huéspedes
al amparo de nadie,
en deuda con la vida, que está en deuda
con el secreto amor que profesamos
a todo trance siempre hacia la vida.
Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.
A la buena de un dios en descalabro,
clandestino de mí,
pobre de qué,
señor de dónde,
en un inacabable deambular,
al arte por el arte
de estar vivo.
Un vaso de agua fresca al transeúnte,
un pedazo de pan al vagabundo,
un puñado de sal al peregrino,
que voy en trashumancia,
que voy de merodeo,
voy de paso.

Carlos Marzal.

sábado, 5 de junio de 2010

Eugenio Recuenco.



XXVII.

A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.

Agítelos.

Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.

José Angel Valente.

(Añado, una buena taza de tila)

viernes, 4 de junio de 2010



¿Para qué debe crecer el cráneo
por toda la frente -de sien a sien-?
¿Para que en sus queridas órbitas
puedan penetrar las tropas?
En vida crece el cráneo
por toda la frente -de sien a sien-,
se atormenta por la nitidez de sus suturas,
se aclara con la cúpula del entendimiento,
espumea con el pensamiento, se sueña.
Cáliz de cálices y patria de patrias,
cofia recamada de pespuntes de estrellas,
gorrito de la felicidad -padre de Shakespeare...

Ôsip Mandelstam.

jueves, 3 de junio de 2010



Sigo escuchándote..."como un árbol a su lluvia".

miércoles, 2 de junio de 2010



"Hasta el sitio llamado del Árbol Seco:
y el relámpago famélico me asigna esas provincias del Oeste.
Pero más allá están los mayores ocios, un gran país de pastizales sin memoria, el año sin vínculos y sin aniversarios, sazonado de auroras y de fuegos. (Matinal sacrificio del corazón de un negro cordero.)"


Saint-John Perse. "Anábasis".

martes, 1 de junio de 2010



[...]

"Sigue tu destino,
riega tus plantas,
ama tus rosas.
El resto es la sombra
de árboles ajenos."

[...]

Fernando Pessoa.