lunes, 20 de septiembre de 2010

Andrés Gil García de Meneses.



No nos pidas la palabra que escudriñe por cada lado
nuestro informe ánimo, y con letras de fuego
lo declare y resplandezca como un azafrán
perdido en medio de un polvoriento prado.
¡Ah, el hombre que seguro marcha,
amigo de los demás y de sí mismo,
y no cuida su sombra que la canícula
imprime sobre un desconchado muro!
No nos exijas la fórmula que pueda abrirte mundos,
pero sí alguna sílaba seca y torcida como una rama.
Sólo eso podemos hoy decirte,
lo que no somos y lo que no queremos.

Eugenio Montale.

jueves, 16 de septiembre de 2010



II

Sí a escuchar, sí a hacer mío
ese venero, el grito borbollando de alegría
que entre las piedras de la vida surge
pronto y tan fuerte, y luego se debilita y ciega.
Pero escribir no es ser, y no es tener,
porque el temblor de la alegría en la escritura es
sólo una sombra, acaso la más clara,
en palabras que siguen recordando
tantas y tantas cosas que han surcado
el tiempo duramente con sus garras,
y por eso no puedo sino decirte sólo
aquello que no soy, salvo en deseo,
una manera de tomar que fuera
dejar de ser sí mismo a la hora de tomar,
una manera de decir que hiciera
que ya no se estuviera en el lenguaje solo.

Yves Bonnefoy.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Magritte.



Cuando pienso que en todo lo que crece
su perfección conserva un mero instante;
que las funciones de este gran proscenio
se dan bajo la influencia de los astros;
y que el hombre florece como planta
a quien el mismo cielo alienta y rinde,
primero ufano y abatido luego,
hasta que su esplendor nadie recuerda:
la idea de una estada tan fugaz
a mis ojos te muestra más vibrante,
mientras que Tiempo y Decadencia traman
mudar tu joven día en noche sórdida.
Y, por tu amor guerreando con el Tiempo,
si él te roba, te injerto nueva vida.

William Shakespeare.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Verano.



[...]
"Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.
Uno de esos terrenales instantes
a los que se pide que duren."

Wyslawa Szymborska."Instante".

viernes, 10 de septiembre de 2010

Hudini.



El escapista.


Un mago no debería revelar sus trucos, pero te diré que no es tan difícil hacer surgir panes de un cesto si éste dispone de doble fondo, y que unos simples tablones, convenientemente situados bajo el agua, bastan para hacer creer a cualquier iluso que es posible caminar sobre la superficie de un lago. En cuanto a aquel hombre cuyos ojos sané, jamás en su miserable vida había estado ciego: se llamaba Hulellah y obtuvo una buena recompensa a cambio de hacer su papel... Ahora, escúchame bien: los soldados no van a clavarme al madero; en realidad, me amarrarán las muñecas con tendones de cerdo y untarán mis brazos con la sangre de algún animal: les he pagado veinte denarios a cada uno por participar en el engaño. Previamente, tú deberás haber depositado agua y víveres en el interior del sepulcro. Luego, una vez que me hayan dejado allí, harás rodar la piedra que cubre la entrada para que pueda escapar. Procura que nadie te vea. Y recuerda esto, José de Arimatea: deberás hacerlo antes del tercer día.

Manuel Moyano.

jueves, 9 de septiembre de 2010



VI

Y te enviaré mi canción:
"Se canta lo que se pierde",
con un papagayo verde
que la diga en tu balcón.

Antonio Machado.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Gabriel Moreno.



Pecados de Septiembre.

Siempre echaré de menos la inocencia.
Sólo con la inocencia es nuevo el mundo:
el viejo sol le alumbra la mirada
y el horror de los ojos de los hombres se borra,
pues ella no lo mira y nunca entiende
la hermosura vibrante de la sierra del diablo.
Y sin embargo escucha
las palabras de amor en el otoño,
los primeros pecados de septiembre
que envolvían en fuego las caricias más torpes.
Cuando aún no sabemos
si son nuestras las calles, si los mapas
dibujarán los viajes infinitos
o si todos los trenes acabarán volviendo
a su ruta terrestre y melancólica.
Cuando no comprendemos.
Son nuevas las sonrisas y la lumbre
del deseo en los labios; me acarician
los pájaros alegres de alas largas,
los pájaros del brillo, los cautivos
futuros de las noches estrelladas.

Olga Bernad.