
[…]
En el Ícaro de Breughel, por ejemplo: ved cómo todo se inhibe
del desastre; el campesino debe
de haber oído el chapoteo, el grito desgarrado,
mas, para él, no es eso una desgracia: el sol brilló, como tenía que hacerlo,
sobre las blancas piernas que se hundían en las verdes
aguas; y el elegante y delicado barco,
que algo insólito vió –un muchacho cayendo de los cielos-,
como tenía que llegar a puerto prosiguió navegando lentamente.
W. H. Auden. “Musée des Beaux Arts”.
(Todo sucede inevitablemente)
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