
[...]
Me pondré pantalones de franela blanca
y me iré a pasear a lo largo de la playa.
He oído allí cómo entre ellas se cantan las sirenas.
Mas no creo que me vayan a cantar a mí.
Las he visto nadando mar adentro sobre las crestas
de la marejada,
peinando las cabelleras níveas que va formando el oleaje
cuando de blanco y negro el viento encrespa el océano.
Nos hemos demorado demasiado en las cámaras del mar,
junto a ondinas adornadas con algas rojas y castañas,
hasta que voces humanas nos despiertan, y perecemos
ahogados.
[...]
T. S. Eliot.
Te he dejado un comentario en unaa entrada anterior que me pareció más esperanzadora.
ResponderEliminarEste poema es muy hermoso pero duele. Un abrazo.
Atravieso momentos, anímicamente, bajos.
ResponderEliminarUn saludo y buen verano.