miércoles, 29 de septiembre de 2010



[...]
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como estatua que fuese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, muy gentíl y colorida,
o marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
o cortesana célebre del tiempo de nuestros padres,
o algo moderno -no concibo bien el qué-,
todo eso, sea lo que fuere, que seas, si puede inspirar, ¡que inspire!
Mi corazón es un balde vaciado.
Como invocan espíritus quienes invocan espíritus me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me asomo a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo los perros que también existen,
y todo eso me pesa como una condena al destierro,
y todo eso es extranjero, como todo).
[...]

F. Pessoa "Tabaquería".

domingo, 26 de septiembre de 2010

Turner.



Los nombres.

Albor. El horizonte
entreabre sus pestañas
y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.
Están sobre la pátina
de las cosas. La rosa
se llama todavía
hoy rosa, y la memoria
de su tránsito, prisa,
prisa de vivir más.
A largo amor nos alce
esa pujanza agraz
del Instante, tan ágil
que en llegando a su meta
corre a imponer Después.
Alerta, alerta, alerta,
yo seré, yo seré.
¿Y las rosas? Pestañas
cerradas: horizonte
final.¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.

Jorge Guillén.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Otoño.



Otoño de manos de oro.
Ceniza de oro tus manos dejaron caer al camino.
Ya vuelves a andar por los viejos paisajes desiertos.
Ceñido tu cuerpo por todos los vientos de todos los siglos.

Otoño, de manos de oro:
con el canto del mar retumbando en tu pecho infinito,
sin espigas ni espinas que puedan herir la mañana,
con el alba que moja su cielo en las flores del vino,
para dar alegría al que sabe que vive
de nuevo has venido.
Con el humo y el viento y el canto y la ola temblando,
en tu gran corazón encendido.

J. Hierro.

martes, 21 de septiembre de 2010

Van Dongen.



Despilfarro de aliento en derroche de afrenta
es lujuria en acción; y hasta la acción, lujuria
es perjura, ultraje, criminal, sangrienta,
brutal, sin fe, extremosa, presa de su furia;
disfrutada no más que despreciada presto;
más que es razón buscada, y no bien poseída,
más que es razón odiada, como cebo puesto
adrede a volver loco al que a beber convida,
en la demanda loco, loco en posesión,
habido, habiendo, y en haber poniendo empeño;
gloria dada a probar; probada, perdición;
antes, gozo entrevisto, y después, un sueño.
Todo esto el mundo sabe, y nadie sabe modos
de huir de un cielo que a este infierno arroja a todos.

William Shakespeare.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Andrés Gil García de Meneses.



No nos pidas la palabra que escudriñe por cada lado
nuestro informe ánimo, y con letras de fuego
lo declare y resplandezca como un azafrán
perdido en medio de un polvoriento prado.
¡Ah, el hombre que seguro marcha,
amigo de los demás y de sí mismo,
y no cuida su sombra que la canícula
imprime sobre un desconchado muro!
No nos exijas la fórmula que pueda abrirte mundos,
pero sí alguna sílaba seca y torcida como una rama.
Sólo eso podemos hoy decirte,
lo que no somos y lo que no queremos.

Eugenio Montale.

jueves, 16 de septiembre de 2010



II

Sí a escuchar, sí a hacer mío
ese venero, el grito borbollando de alegría
que entre las piedras de la vida surge
pronto y tan fuerte, y luego se debilita y ciega.
Pero escribir no es ser, y no es tener,
porque el temblor de la alegría en la escritura es
sólo una sombra, acaso la más clara,
en palabras que siguen recordando
tantas y tantas cosas que han surcado
el tiempo duramente con sus garras,
y por eso no puedo sino decirte sólo
aquello que no soy, salvo en deseo,
una manera de tomar que fuera
dejar de ser sí mismo a la hora de tomar,
una manera de decir que hiciera
que ya no se estuviera en el lenguaje solo.

Yves Bonnefoy.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Magritte.



Cuando pienso que en todo lo que crece
su perfección conserva un mero instante;
que las funciones de este gran proscenio
se dan bajo la influencia de los astros;
y que el hombre florece como planta
a quien el mismo cielo alienta y rinde,
primero ufano y abatido luego,
hasta que su esplendor nadie recuerda:
la idea de una estada tan fugaz
a mis ojos te muestra más vibrante,
mientras que Tiempo y Decadencia traman
mudar tu joven día en noche sórdida.
Y, por tu amor guerreando con el Tiempo,
si él te roba, te injerto nueva vida.

William Shakespeare.