
Premiadísima fotografía.
Recuerdo en mi infancia, en la casa de mi abuela perdida por las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, que el aullido de los lobos durante la noche era tan terrible para mí que sudaba como un pollo escondida bajo las mantas y no sacaba la cabeza aunque no pudiera casi ni respirar.
Las historias de lobos que se contaban eran siempre tan desgarradoras que no pude verle como un hermoso animal hasta ser bastante mayor (tampoco hoy pasaría buena noche con su aullido de fondo) pero sí soy capaz de verle desde otro punto de vista, y éste es muchísimo más benevolente.
Ciertamente, si una buena parte de mi patrimonio estuviera invertido en animales domésticos y éstos fueran atacados por una manada de lobos, no dudaría en poner a salvo a mis animales. Este conflicto es un choque de intereses no resuelto. Los lobos no pueden alimentarse de los animales que los pastores cuidan, alimentan e intentan proteger porque es su medio de vida; por cierto muy ecológico y ancestral.
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